Alocución de apertura del Director General de la OMS en la rueda de prensa del 16 de julio de 2026

16 de julio de 2026
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Buenas tardes a quienes están en la sala, y buenos días, buenas tardes y buenas noches a quienes están en línea.

Ayer hizo dos meses que el Gobierno de la República Democrática del Congo declaró la epidemia de ébola.

Desde entonces, el brote se ha extendido rápidamente.

Ya es el tercer brote de ébola más importante desde que hay registros y, en el último mes, se ha extendido más rápidamente que ningún otro brote anterior.

Hasta la fecha, se han notificado 2073  casos, con 796 víctimas mortales.

En comparación, durante el brote de ébola de 2018-2019 de la República Democrática del Congo se tardó más de 10 meses en llegar a 2000 casos confirmados.

Lo que más nos preocupa sigue siendo la intensidad de la transmisión en la provincia de Ituri.

Más del 80 por ciento de los nuevos casos se detectan fuera de las listas de contactos conocidos, lo que demuestra que todavía hay cadenas de transmisión por localizar.

Unos dos tercios de las muertes ocurren en las comunidades, entre personas que nunca reciben atención en un establecimiento de salud.

Junto con los CDC de África y otros asociados, la OMS ayuda al Gobierno a ampliar la respuesta.

La capacidad de atención médica supera ahora las 800 camas y sigue creciendo.

La capacidad de laboratorio se ha ampliado de solo un laboratorio a 16.

Las tasas de seguimiento de contactos han aumentado hasta casi el 80 por ciento.

Más de 21 000 agentes comunitarios reciben formación.

Y han mejorado considerablemente los entierros seguros y dignos.

También hay avances alentadores en vacunas y tratamientos.

A principios de este mes iniciamos el ensayo clínico de dos tratamientos: el anticuerpo monoclonal MBP134 y remdesivir, un fármaco antivírico.

El lunes comenzó el primer ensayo de seguridad de la vacuna ChAdOx1, dirigido por la Universidad de Oxford.

Y el martes de esta semana, varios asociados dirigidos por el Instituto Nacional de Investigaciones Biomédicas de la República Democrática del Congo pusieron en marcha un ensayo del antivírico obeldesivir como profilaxis posexposición para personas que han estado en contacto con casos confirmados, pero aún no han desarrollado la enfermedad.

Incluso sin vacunas ni tratamientos aprobados, 377 personas se han recuperado, lo que demuestra que con diagnóstico temprano y atención segura, se puede frenar esta enfermedad y sobrevivir a ella.

En Uganda, hoy se da de alta al último caso confirmado, lo que inicia la cuenta atrás de 42 días para el final del brote en ese país, donde se han registrado 20 casos y dos víctimas mortales.

Pese a los avances logrados, el brote en la República Democrática del Congo sigue sobrepasando la respuesta.

El conflicto armado activo complica el acceso a las zonas afectadas y dificulta la respuesta.

Ayer, sin ir más lejos, un centro de tratamiento en Bunia fue atacado.

Nos enfrentamos a varios desafíos técnicos, pero también necesitamos intervención política para facilitar la necesaria ampliación de la respuesta.

Nuestras prioridades son reducir la transmisión en Ituri reforzando la vigilancia, los entierros seguros y dignos, la gestión clínica y la participación de la comunidad;

y fortaleciendo la capacidad de respuesta en las provincias recientemente afectadas antes de que se establezca la transmisión.

Pero para ello, necesitamos urgentemente apoyo de la comunidad internacional.  

Seguimos teniendo un déficit de más de USD 400 millones en el Plan Continental de Preparación y Respuesta conjunto de la OMS y los CDC de África.

Hacemos un llamamiento a los donantes para que cubran ese déficit y nos ayuden a controlar este brote lo antes posible.

No es caridad, sino invertir en seguridad nacional.

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Aunque aún no tenemos vacuna contra el virus de Bundibugyo, hay muchas otras enfermedades antaño temibles que ahora pueden prevenirse fácilmente mediante vacunación, como el sarampión, la poliomielitis y el cáncer de cuello uterino.

Ayer mismo, la OMS y el UNICEF publicaron las estimaciones anuales sobre los niveles de cobertura vacunal en países de todo el mundo.

En 2025, el 90 por ciento de los lactantes a escala mundial recibió al menos una dosis de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tosferina, y el 85 por ciento completó la serie completa de tres dosis. 

Ambas cifras son ligeramente superiores a las de 2024, pero siguen por debajo de los niveles de 2019 y en el mismo rango estrecho desde 2009.

Incluso antes de la COVID-19, la cobertura vacunal se había estancado a escala mundial. La pandemia alteró los sistemas de vacunación sistemática y los avances se revirtieron.

En respuesta, la OMS, el UNICEF y la Alianza Gavi pusieron en marcha «La gran puesta al día» para llegar a los niños que no recibieron una o ninguna vacuna sistemática.

En los últimos tres años, hemos llegado a más de 14 de los 34 millones de niños «dosis cero», gracias a la distribución de más de 125 millones de dosis en 36 países.

Gracias a La gran puesta al día, hemos recuperado el terreno perdido.

Sin embargo, los nuevos datos de que disponemos muestran que unos 13,5 millones de niños  «dosis cero» menores de un año no recibieron ni una sola vacuna en 2025.

Si bien ello representa una pequeña mejora con respecto al año anterior, está muy lejos de la meta que los países se marcaron para reducir el número de niños «dosis cero» a 6,4 millones de aquí a 2030.

Y los avances que constatamos se ven socavados por el creciente número de niños que reciben una dosis, pero no completan todo el calendario de vacunación, de modo que no están suficientemente protegidos.

Las vacunas se encuentran entre las mejores inversiones en salud pública, seguridad sanitaria y desarrollo sostenible.

Aportan un enorme dividendo en vidas salvadas y en poblaciones más saludables, seguras y productivas.

La OMS hace un llamamiento a todos los países y donantes para que inviertan en alcanzar la meta de 2030, en particular financiando plenamente a la Alianza Gavi.

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Las vacunas son especialmente importantes para proteger a los niños en los primeros años de vida.

En el otro extremo de la vida, muchos países se enfrentan a una creciente carga de demencia y deterioro cognitivo debido al envejecimiento de la población.

La demencia es uno de los mayores retos sociales y de salud de nuestro tiempo, y afecta a personas, familias y comunidades en todas partes.

Hay más de 57 millones de personas con demencia en todo el mundo y cada año se diagnostica a casi 10 millones de personas.

La forma más común de demencia es la enfermedad de Alzheimer, que representa entre el 60 % y el 70 % de los casos.

Si bien no hay cura para la demencia, puede prevenirse o retrasarse evitando factores de riesgo como el tabaco, el consumo de bebidas alcohólicas, el aislamiento social, la inactividad física, la contaminación del aire, y tratando la hipertensión arterial, la diabetes y la pérdida de audición.

Ayer, la OMS publicó directrices actualizadas sobre la reducción del riesgo de demencia y deterioro cognitivo, que ofrecen recomendaciones prácticas basadas en la evidencia.

Proteger la salud cerebral no es responsabilidad exclusiva del sector de la salud. Requiere acción coordinada entre gobiernos, comunidades y sistemas.

La OMS hace un llamamiento a todos los países y asociados para que integren la reducción del riesgo de demencia en la atención primaria de salud y en los programas para las enfermedades no transmisibles, la salud mental, el envejecimiento saludable y la salud comunitaria.

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Finalmente, el lunes de la próxima semana, los Estados Miembros de las Naciones Unidas se encontrarán en Nueva York para la Reunión de Alto Nivel sobre Seguridad Vial.

Se prevé que los Estados Miembros adopten una declaración política firme que negocian desde hace meses.

En ella se comprometen a aplicar estrategias nacionales de seguridad vial con metas, plazos y presupuestos claros.

El proyecto de declaración incluye también compromisos para establecer organismos de seguridad vial, mejorar la recopilación de datos, elaborar leyes sólidas y hacerlas cumplir, y garantizar que la infraestructura y los vehículos cumplan las normas fundamentales de seguridad.

Los países se comprometen también a adoptar el enfoque de «sistemas seguros», en el que se acepta que las personas siempre cometerán errores en las carreteras, de modo que se diseñan carreteras y se establecen límites de velocidad y normas en torno a los niveles que el cuerpo humano puede sobrevivir en caso de colisión.

Para coincidir con la reunión, la OMS también publicará la próxima semana un nuevo informe que mostrará avances alentadores en seguridad vial, aunque insuficientes para alcanzar la meta mundial de reducir en un 50 por ciento las muertes y traumatismos graves de aquí a 2030.

Christian, le devuelvo la palabra.