Datos y cifras
- La hepatitis C es una inflamación del hígado causada por el virus de la hepatitis C.
- La infección puede ser aguda o crónica, tener manifestaciones leves o graves y, si se cronifica, provocar cirrosis y cáncer de hígado.
- El virus de la hepatitis C se transmite por la sangre; la mayoría de las infecciones se producen por exposición a sangre debido a inyecciones y procedimientos de atención de salud realizados sin las debidas condiciones de seguridad, transfusiones de sangre no analizada, uso compartido de agujas y jeringuillas entre personas que se inyectan drogas y prácticas sexuales con exposición a sangre.
- Se calcula que en el mundo hay 47 millones de personas con infección crónica por el virus de la hepatitis C y que cada año se producen alrededor de 0,9 millones de nuevas infecciones.
- La OMS estima que en 2024 fallecieron cerca de 239 000 personas debido a la hepatitis C, sobre todo por cirrosis y carcinoma hepatocelular, es decir, cáncer primario de hígado.
- Los antivíricos de acción directa pueden curar la infección en más del 95 % de los casos, pero el acceso al diagnóstico y al tratamiento es escaso.
- Actualmente no existe ninguna vacuna eficaz contra la hepatitis C.
Panorama general
La hepatitis C es una infección vírica que afecta al hígado. Puede ser aguda, es decir, de corta duración, o crónica (de larga duración), y puede llegar a ser mortal.
Se transmite por contacto con sangre infectada, lo que puede ocurrir durante las inyecciones y los procedimientos de atención de salud practicados sin las debidas condiciones de seguridad, las transfusiones de sangre no analizada, el uso compartido de agujas y jeringuillas entre personas que se inyectan drogas y las prácticas sexuales con exposición a sangre.
Puede causar síntomas como fiebre, cansancio, pérdida del apetito, náuseas, vómitos, dolor abdominal, coloración oscura de la orina y coloración amarillenta de la piel o los ojos, lo que se conoce como ictericia.
Aunque no existe una vacuna contra la hepatitis C, la infección puede tratarse y curarse con antivíricos.
La detección y el tratamiento tempranos pueden prevenir lesiones hepáticas graves y mejorar la salud a largo plazo.
Las infecciones agudas por el virus de la hepatitis C (VHC) no suelen causar síntomas y, en su mayor parte, no conllevan riesgo mortal. Aproximadamente el 30 % (del 15 % al 45 %) de las personas infectadas eliminan el virus espontáneamente en un plazo de seis meses sin necesidad de tratamiento.
En el 70 % (del 55 % al 85 %) restante, la infección se cronifica. Estas personas corren un riesgo de entre el 15 % y el 30 % de padecer cirrosis en un plazo de 20 años.
Distribución geográfica
La infección por el VHC se da en todas las regiones de la OMS. La mayor carga de morbilidad corresponde a la Región del Mediterráneo Oriental, donde hay 12 millones de personas con infección crónica. Tanto en la Región de Asia Sudoriental como en la Región de Europa hay 9 millones de personas con infección crónica, y en la Región del Pacífico Occidental hay 7 millones. Estas cifras son de 8 y 5 millones en las Regiones de África y de las Américas, respectivamente.
Transmisión
El VHC se transmite por la sangre. Las formas de transmisión más habituales son:
- la reutilización o la esterilización insuficiente de material médico en establecimientos de salud, sobre todo jeringuillas y agujas;
- la transfusión de sangre y hemoderivados no analizados; y
- el uso compartido de material de inyección al inyectarse drogas.
El virus de la hepatitis C puede transmitirse de una madre infectada a su bebé y también mediante prácticas sexuales con exposición a sangre, por ejemplo, si se tienen varias parejas sexuales y, en el caso de los hombres, si tienen relaciones sexuales con hombres; no obstante, estas vías de transmisión son menos frecuentes.
La hepatitis C no se transmite por la leche materna, los alimentos ni el agua, ni por actividades cotidianas que implican contacto, como abrazar o besar a una persona infectada, o compartir con ella comida o bebida.
Síntomas
La infección aguda sintomática por VHC no es frecuente. Tras la infección, la mayoría de las personas no presentan síntomas durante las primeras semanas. Los síntomas pueden tardar entre dos semanas y seis meses en aparecer.
Pueden ser los siguientes:
- fiebre
- cansancio acusado
- pérdida del apetito
- náuseas y vómitos
- dolor abdominal
- orina oscura
- heces claras
- dolor en las articulaciones
- ictericia, es decir, coloración amarillenta de los ojos y la piel.
Pruebas y diagnóstico
Como las infecciones recientes por el VHC suelen ser asintomáticas, se diagnostican pocos casos en esa fase. Por lo que respecta a la infección crónica, a menudo queda sin diagnosticar porque puede no causar síntomas durante décadas, hasta que aparecen manifestaciones de una lesión hepática grave.
La infección se diagnostica en dos etapas:
- La detección de anticuerpos contra el VHC mediante una prueba serológica indica que la persona se ha infectado.
- Si el resultado de la prueba de anticuerpos es positivo, deber realizarse una prueba de amplificación de ácidos nucleicos para detectar el ácido ribonucleico (ARN) del virus, a fin de confirmar que la infección es crónica y que requiere tratamiento. Esta prueba es importante porque alrededor del 30 % de los infectados eliminan espontáneamente el virus sin necesidad de tratamiento, gracias a la intensa respuesta inmunitaria que se desencadena. Sin embargo, aunque ya no tengan la infección, siguen dando positivo para los anticuerpos contra el VHC. La detección del ARN puede hacerse en un laboratorio o con un aparato sencillo en el lugar de atención.
Una vez diagnosticada la infección crónica, debe evaluarse el grado de daño hepático, es decir, la fibrosis y la cirrosis. Esto puede hacerse mediante biopsia hepática o con diversos análisis de sangre no cruentos. La gravedad de las lesiones hepáticas servirá para orientar las decisiones terapéuticas y clínicas.
El diagnóstico precoz puede prevenir problemas de salud derivados de la infección y también la transmisión del virus. La OMS recomienda realizar pruebas, en todos los contextos, a las personas que puedan correr más riesgo de infectarse, como los donantes de sangre, las personas con indicios de enfermedad hepática, los migrantes procedentes de regiones endémicas, los trabajadores de la salud, las personas que se inyectan drogas, las personas privadas de libertad o recluidas en otros centros, los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, las personas transgénero, los trabajadores sexuales y las personas con tuberculosis o con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).
En los lugares donde la población general tiene una seroprevalencia intermedia o elevada de anticuerpos contra el VHC, definida como un 2 % o superior, la OMS también recomienda hacer pruebas a todos los adolescentes y adultos.
En 2024, la OMS publicó una guía de aplicación sobre las prioridades para planificar los servicios de pruebas de detección de la hepatitis B y C. Este documento reúne todas las orientaciones relativas a las pruebas de detección de las hepatitis víricas y sirve a los países de referencia para formular políticas y establecer prácticas que definan una combinación estratégica de enfoques para las pruebas de detección de las hepatitis B y C.
Tratamiento
En noviembre de 2013 y enero de 2014, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos de América y la Agencia Europea de Medicamentos aprobaron las primeras opciones terapéuticas sin interferón para tratar la hepatitis C crónica. Fue un hito decisivo para la medicina moderna y la salud pública, porque permitía curar en un plazo de 8 a 12 semanas de tratamiento a casi todas las personas que padecían esta enfermedad infecciosa crónica, grave y potencialmente mortal.
La OMS recomienda tratar con antivíricos de acción directa (AAD) pangenotípicos a todos los adultos, adolescentes y niños a partir de los 3 años con infección crónica por el VHC. Existen pautas curativas breves con estos fármacos que se administran por vía oral y que causan pocos o ningún efecto secundario. Los AAD pueden curar a la mayoría de las personas infectadas. Los tratamientos son breves —normalmente, de 12 a 24 semanas—, según si la persona tiene o no cirrosis. En 2022, la OMS publicó nuevas recomendaciones para tratar a niños y adolescentes con los mismos tratamientos pangenotípicos que se prescriben a los adultos.
Los AAD pangenotípicos siguen siendo caros en muchos países de ingresos altos y medianos altos. Sin embargo, los precios se han reducido drásticamente en muchos países, sobre todo en los de ingresos bajos y medianos bajos, gracias a la introducción de genéricos. El esquema terapéutico con AAD pangenotípicos más utilizado y de bajo costo es la combinación de sofosbuvir y daclatasvir. En muchos países de ingresos bajos y medianos, la pauta terapéutica habitual necesaria para curar a un paciente cuesta menos de USD 50.
El acceso al tratamiento está mejorando, pero sigue siendo limitado. Se calcula que, de los 68 millones de personas que se habían infectado en alguna ocasión por el VHC entre 2015 y 2024 (intervalo de incertidumbre [II] del 95 %: 46-103 millones), 24 millones estaban diagnosticadas (II del 95 %: 18-25 millones), es decir, el 36 % (II del 95 %: 17 %-57 %). Entre las personas diagnosticadas de infección crónica, alrededor del 20 % (II del 95 %: 10 %-31 %) habían sido tratadas con AAD a finales de 2024, lo que equivale a 13 millones de personas (II del 95 %: 12-20 millones). En 2024, 11 millones de personas (II del 95 %: 7,4-15 millones) tenían diagnosticada la infección, pero aún no habían iniciado ningún tratamiento.
Las personas con hepatitis C también pueden beneficiarse de algunos cambios de hábitos, como no tomar bebidas alcohólicas y mantener un peso saludable. Con un tratamiento adecuado, muchas personas pueden curarse de la infección por el VHC y mantenerse sanas.
Prestación de servicios
Hasta hace poco, en muchos países, la prestación de servicios de pruebas y tratamiento de la hepatitis C dependía de modelos de atención hospitalaria dirigidos por especialistas, por lo general hepatólogos o gastroenterólogos, para administrar tratamientos complejos. Actualmente se dispone de tratamientos orales breves con AAD pangenotípicos que curan esta infección, causan pocos o ningún efecto secundario y requieren poca especialización y supervisión. La OMS recomienda que médicos y enfermeros no especialistas cualificados puedan realizar las pruebas, ofrecer atención y administrar el tratamiento a las personas con hepatitis C crónica, mediante una prestación de servicios simplificada que incluya la descentralización, la integración y la delegación de funciones. Estos servicios pueden prestarse en establecimientos de atención primaria, servicios de reducción de daños y prisiones, lo que los hace más accesibles y cómodos para los pacientes.
En la actualidad, las pruebas, la atención y el tratamiento también pueden proporcionarse sin riesgos en establecimientos de atención primaria, servicios de reducción de daños y prisiones, lo que resulta más accesible y cómodo para los pacientes.
Prevención
No existe una vacuna eficaz contra la hepatitis C. La mejor manera de prevenirla es evitar el contacto con sangre infectada.
Las personas con mayor riesgo de infección son las que se inyectan drogas, los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, las personas infectadas por el VIH y las personas sometidas a procedimientos repetidos de atención de salud.
Las siguientes medidas ayudan a prevenir la transmisión de la hepatitis C:
- la realización correcta y sin riesgos de procedimientos e inyecciones de atención de salud;
- la manipulación y eliminación sin riesgos de desechos médicos y agujas;
- los servicios de reducción de daños para personas que se inyectan drogas, como los programas de intercambio de agujas, el asesoramiento sobre el consumo de sustancias y el tratamiento con agonistas opiáceos;
- el análisis de la sangre donada para detectar el VHC y otros virus; y
- el uso de métodos de barrera durante las relaciones sexuales, como el preservativo.
Respuesta de la OMS
Las Estrategias mundiales del sector de la salud contra el VIH, las hepatitis víricas y las infecciones de transmisión sexual para el periodo 2022-2030 orientan al sector de la salud en la aplicación de medidas estratégicas encaminadas a alcanzar los objetivos de poner fin al sida, las hepatitis víricas —en particular, las hepatitis B y C crónicas— y las infecciones de transmisión sexual de aquí a 2030.
Estas estrategias recomiendan una serie de medidas comunes o específicas para cada enfermedad, con el respaldo de las intervenciones de la OMS y sus asociados. Las estrategias tienen en cuenta los cambios epidemiológicos, tecnológicos y contextuales ocurridos en los últimos años, favorecen el aprendizaje entre los distintos ámbitos de actuación y promueven el aprovechamiento de las innovaciones y los nuevos conocimientos para responder eficazmente a estas enfermedades. Se propone ampliar la prevención, las pruebas y el tratamiento de las hepatitis víricas, atender a los colectivos y grupos de personas más afectados y con mayor riesgo de contraer estas enfermedades y corregir las deficiencias y desigualdades existentes. De ese modo, se promueven sinergias en el marco de la cobertura universal de salud y la atención primaria, y se contribuye a alcanzar las metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. La OMS presta apoyo a los países para que elaboren estrategias nacionales acordes con esta aspiración. Además, la Organización formula y actualiza directrices para la prevención, la detección y el tratamiento de la infección por el VHC, y ayuda a los países a incorporar a su respuesta de salud pública las recomendaciones y los hallazgos científicos más recientes.
Asimismo, la OMS colabora con Unitaid en una iniciativa de inversión contra la infección por el VHC en diez países, dirigida a personas que consumen drogas y a personas privadas de libertad, con miras a impulsar prácticas óptimas para integrar la prevención y el tratamiento de la infección en servicios comunitarios de reducción de daños, así como a facilitar la introducción de productos innovadores e infrautilizados de prevención, como la buprenorfina inyectable de liberación prolongada y las jeringas de bajo espacio muerto.
Cada año, con motivo del Día Mundial contra la Hepatitis, que se celebra el 28 de julio, la OMS organiza una campaña para sensibilizar a la población y mejorar el conocimiento sobre las hepatitis víricas.